domingo 28 de diciembre de 2008

Vida

Este lugar parece tan extraño, tan vacío e inmenso a la vez.
Hay nueva gente allá afuera. No las conosco, y tampoco se si quiero hacerlo. Por el momento me alcanza con mirar este rompecabeza que tengo frente a mi.

Tiene tan solo 20 piezas. Me lo regalo mi padre cuando nací, con la intención de que en algún momento, cuando lo armase, pudiera entender muchas cosas.

-"Es como la vida,- dijo unos años más tarde, y tal como decía una targeta pegada al envoltorio transparente - Solo vemos pedazos, pero nunca nos tomamos el tiempo de acomodarlos..."
Lo creí perdido, hasta el día de la mudanza. Se encontraba todavía en su caja original, arriba del armario. Nadie lo armó nunca.

Cuando lo encontre, me pareció buena idea traerlo conmigo. En verdad, nunca le encontre demasiado sentido a la frase. Será por eso que nunca decidí sentarme a armarlo, ni siquiera para darle una satisfacción a él.

De repente, siento una sensación rara. Investigo mi entorno. Solo veo las cajas que mi marido dejó apiladas en el piso, pues si bien hace casi un mes que estamos aca, siempre queda algo por traer.

Mi mente se detiene un segundo. Vuelvo la vista hacia la caja. -"Solo vemos pedazos...".
Decido buscar un envoltorio y un lindo moño. Termino de acomodar bien la targeta, cuando llega mi marido con mi hermana y mi sobrina recien nacida.

Le doy el regalo a mi hermana, y le digo: - "Tal vez con esto, algún día entienda muchas cosas".
Mi hermana inmediatamente se dió cuenta cual era el contenido del paquete, y antes de que diga algo, la interrumpo: -"No lo necesito..."

3 comentarios:

Emiliano Orlando dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Julian Glumi dijo...

No necesitamos un puzzle para conocer a la vida, necesitamos vivirla, no?

danmihalache dijo...

El Payador

En un espacioso rancho
De amarillentas totóras,
En derredor asentadas
De una llama serpeadora,
Que ilumina los semblantes
Como funeraria antorcha,
Hirviendo el agua en el fuego,
Y de una mano trás otra
Pasando el sabroso mate
Que todos con gusto toman,
Se pueden contar muy bien
Como unas doce personas.
Pero están con tal silencio,
Con tanta calma reposan,
Que solo se escucha el éco
De guitarra gemidora,
Mezclado con los acentos
De una voz que melancólica,
Murmura tan dulcemente
Como el viento entre las hojas.
Es un payador que tierno
Alza allí sentida trova,
Y al compás de su guitarra
Versos á raudales brota,
Pero versos espresivos,
De cadencia voluptuosa,
Y que espresan tiernamente
De su pecho las congojas.
Es verdad que muchas veces
La ingrata rima cohorta
Pensamientos que grandiosos
Se traslucen mas no asoman,
Y como nocturnas luces
Al irradiar se evaporan
La fantasia sujeta
En las redes del idioma,
No permite que se eleve
La inspiracion creadora,
Ni que sus altivas álas
Del arte los grillos rompan,
Ni que el instinto del génio
Les traze una senda propia,
Mostrándole allá en los cielos
Aquella ansiada corona,
Que iluminando el espacio
Con su luz esplendorosa,
Vibra un rayo diamantino
Que el númen del vate esponja
Para embeber fácilmente
De su corazon las gotas,
Y destilarlas despues
Como el llanto de la aurora,
Convertidas en cantares
Que vuelan de zona en zona.
¡Y cuántas veces no obstante
Sus desaliñadas coplas,
Sin esfuerzo ni trabajo
Como las tranquilas ondas,
Una á una, dulcemente,
Van saliendo de su boca!
O derrepente veloces,
Penetrantes, ardorosas,
Se escapan como centellas
Y el fondo del alma tocan!
Porque su maestro es
La naturaleza sola,
A quien ellos sin saberlo
A oscuras y á tientas copian.
Así el cantor sin curarse
De reglas que no le importan,
Sigue raudo y caprichoso
Su bien comenzada trova.