Buenos Aires, 20 de Marzo.
Ay, usted que ha aprendido a calcular la edad de las estrellas. Usted, que ha tenido entre sus manos la materia oscura que sostiene los soles en su sitio. Usted, que conoció el número áureo que canta la belleza. Usted, que comprendió la ciencia del placer que imparten los sabios del camino. Usted, que rastreó las huellas de las palabras para saber qué decian antes y qué dirán mañana. Usted, que presintió la inmortalidad en las cúspides del amor, no ha visto jamás un fantasma ni habló jamás con un muerto. Ay del que no sepa leer los mensajes. Ay del que no oiga el murmullo. Ay del que no advierta las señales.
Un Amigo.
Mandeb notó que el estilo le resultaba vagamente familiar. Se asustó un poco.
Una tarde de abril, parado en la esquina de Nazca y Rivadavia, vió en una ventanilla del colectivo 53 a un hombre oscuro que, bien mirado, era él mismo. Mandeb trató de subir al vehículo pero el chofer arrancó y se alejó a gran velocidad. Mientras agonizaba un trotecito sin esperanza, advirtió que el hombre le hacía unos gestos desde lejos. Hasta creyó escuchar una palabra y esa palabra era nadie y la voz era la suya. Entonces empezó a gritar en medio de la calle, pero el colectivo se perdió a la distancia.
Pocos días después, o tal vez pocos días antes, Mandeb viajaba en el colectivo 53. Al llegar a la esquina de Nazca y Rivadavia vio en la vereda a un hombre que en realidad era él mismo. Abrió la ventanilla para decirle algo, pero el vehículo arrancó a toda velocidad.
Alejandro Dolina
Ay, usted que ha aprendido a calcular la edad de las estrellas. Usted, que ha tenido entre sus manos la materia oscura que sostiene los soles en su sitio. Usted, que conoció el número áureo que canta la belleza. Usted, que comprendió la ciencia del placer que imparten los sabios del camino. Usted, que rastreó las huellas de las palabras para saber qué decian antes y qué dirán mañana. Usted, que presintió la inmortalidad en las cúspides del amor, no ha visto jamás un fantasma ni habló jamás con un muerto. Ay del que no sepa leer los mensajes. Ay del que no oiga el murmullo. Ay del que no advierta las señales.
Un Amigo.
Mandeb notó que el estilo le resultaba vagamente familiar. Se asustó un poco.
Una tarde de abril, parado en la esquina de Nazca y Rivadavia, vió en una ventanilla del colectivo 53 a un hombre oscuro que, bien mirado, era él mismo. Mandeb trató de subir al vehículo pero el chofer arrancó y se alejó a gran velocidad. Mientras agonizaba un trotecito sin esperanza, advirtió que el hombre le hacía unos gestos desde lejos. Hasta creyó escuchar una palabra y esa palabra era nadie y la voz era la suya. Entonces empezó a gritar en medio de la calle, pero el colectivo se perdió a la distancia.
Pocos días después, o tal vez pocos días antes, Mandeb viajaba en el colectivo 53. Al llegar a la esquina de Nazca y Rivadavia vio en la vereda a un hombre que en realidad era él mismo. Abrió la ventanilla para decirle algo, pero el vehículo arrancó a toda velocidad.
Alejandro Dolina

2 comentarios:
Subi video!
baH!
Se esta cargando!
xD
Genial. Yo siempre me encuentro conmigo. Es más, solo me encuentro conmigo. Jaja.
Si bien "Crónicas del Ángel Gris" es un libro espléndido, creo que "Bar del Infierno" me gustó un poco más.
Dejo este humilde saludo aunque no te conozca.
Mi único medio actúal de expresión es el siguiente:
http://www.fotolog.com/matixnahuix
Antes intentaba administrar un Blog, pero me cansé por lo inconstante que soy.
Adiós.
Matías Ugarriza.
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